¿Desde cuándo me interesan a mí los eclipses solares? ¡No conocía yo esta faceta de astrónoma amateur mía, no dejo de sorprenderme!
Por favor, nótese la ironía. El caso es que hoy enfilo hacia el norte encantada, con mis gafas y mi brújula (recordemos a la niña scout que hay en mí) para disfrutar del mencionado acontecimiento desde un pueblecito en la franja curva que copa periódicos y telediarios. Al menos todos los que ve mi padre.
El hecho del eclipse, es decir, que la luna se ponga delante del sol y lo oculte, me ha recordado a un término que leí1 el otro día: spiritual bypassing o evasión espiritual. Se refiere al uso de creencias religiosas o espirituales para evitar resolver conflictos, gestionar problemas personales, o directamente huir de la realidad.
Por supuesto, esto no afecta a todas las personas que siguen un camino espiritual, y se puede aplicar a diferentes creencias. Pero donde más lo he visto, y por mi propia experiencia, es en las tradiciones orientales practicadas desde aquí, con los famosos desapegos.
He tratado de cerca a personas sin responsabilidad afectiva que utilizaban la espiritualidad para huir de su vida, como un escudo. Con la excusa de la ecuanimidad eran desconsiderados o distantes en una tundra desconectada de la vida. Son fáciles de identificar, verás: parecen estar, o eso creen ellos, por encima de lo “mundano” y hablan de tu ego, nunca del suyo. Pero esa superioridad esconde, como la luna al sol, cobardía, inmadurez o incapacidad para gestionar las emociones entre sutras incomprensibles.
Yo misma, este año, para superar una ruptura sentimental, evasión Y victoria, he intentado meditar de forma disciplinada, he ido a kirtans, leído a Patanjali y estoy haciendo yoga a punta pala. Y muchas veces, siento que todo eso me apaga, que me distancia del fuego que es la vida y que sólo miro hacia mi ombligo (para muestra un botón: estoy escribiendo sobre mí en un substack).
Es que mira, leer y desentrañar el sentido de los textos sánscritos, tan alejados de lo que somos, es un ejercicio analítico y cerebral que entumece y da ganas de darse unas friegas de alcohol después. Es cabeza y vacío, traer a nuestro mundo la rigidez de unas normas pasadísimas e inhóspitas como la pared que miras haciendo zazen.
A esto añadimos la verborrea de los gurús, casi siempre hombres, que explican desde su púlpito conceptos inaprensibles a base de paradojas y oxímoron. Su lenguaje inaccesible parece servir, sobre todo, para engordar sus egos, y te deja con la sensación de nunca saber si lo has entendido de verdad.
Yo, ya os imagináis, me quedo con lo de que “el gurú está dentro de ti”.

Hay mil formas de evasión además de la espiritualidad, cuéntame la tuya, por ejemplo el trabajo, las drogas, el gimnasio, el azúcar o el sexo por decir algunos. Durante unos momentos te sacan de tu realidad, y con un buen business model y un algoritmo un poco listo, es fácil terminar en poco tiempo sepultado por productos que te confirman que tu evasión es lo más. Te lo digo yo que mi feed de Instagram atufa a palo santo e incienso y en cualquier momento me encuentro echando en la cesta de Amazon un cuenco tibetano para un baño de sonido. Que alguien me pare, por favor.
Volviendo al eclipse, parece que hay que tener especial cuidado2, porque si lo miras directamente te puede quemar la retina, pero no duele, estás anestesiado. Como cuando te enamoras, epítome de la disociación: durante un tiempo, lo malo desaparece, puedes con todo, solo piensas en la persona amada y fantaseas, estás feliz, estás en la Luna. Pero después el efecto va desapareciendo, la euforia se disipa y la vida sigue ahí, como el Sol: son tus hijos, tu relación con tu madre, el insomnio, tu ex-mujer, lo que sea…
En unos días, el eclipse también pasará, como pasa el amor, y volverá la realidad. En ese momento, dependerá de nosotros vivir enfrentando lo que tenemos delante o seguir buscando la luna, nuestro objeto de evasión.
NOTAS
A veces escribo “leí”, pero doy por supuesto que todas sabéis que me refiero a que lo vi en un reel de instagram o en un short de YT.
Disfrutad del eclipse, pero poneos las gafas, es bueno para vuestros ojos y pareceréis tan molonas como las Kraftwerk.


¿Eclipse? ¿Qué eclipse? Hablando de baños de sonidos y gurus, ya te contaré sobre el festival al que voy en Septiembre... OM & Bass